martes 24 de noviembre de 2009

Reflexiones a la vuelta

Es hora de hacer un resumen de la visita.
Los irlandeses, parecen muy buena gente, nobles, animados (sobre todo y quizá excesivamente, los fines de semana), parlanchines, muy dados a establecer normas (algunas triviales o excesivas), conducen al revés, les gusta mucho la cerveza (quizá demasiado).
Del clima ya está todo dicho: sol escaso y agua abundante. Fresquito.
El paisaje, muy parecido al gallego. Una importante diferencia: no hay edificaciones que lo estropean. La población muy dispersa. Y hablando de dispersión y como anécdota, notamos una diferencia entre las ovejas (símbolo nacional junto al arpa) irlandesas y las gallegas: éstas andan juntas en rebaño pero allí cada una por su lado.
La comida, mejor que la inglesa, más casera. Destacan los guisos de carne. Los cafés, malos y aguados. Muy grandes (incluso los más pequeños). No había forma de azucararlos. Rica bollería (sobre todo , el "scon").
Decía una dependienta (sevillana) de una tienda que había ido a Dublín a aprender inglés y se iba a volver porque allí sólo hablaba español. En Dublín hay muchos españoles (incluso en esta época): turistas, estudiantes, camareras, dependientas, vagos, .....
Dublín no tiene grandes cosas que ver. Ya sé que no es políticamente correcto pero hay que decir que lo mejor son sus pubs y su ambiente. Hay muchas iglesias, tantas, que algunas las transformaron en pubs. En todos hay actuaciones en directo (mejores y peores, aunque casi todos tocan los mismos temas). Los fines de semana desde la mediodía los grandes pubs son un conglomerado de pantallas gigantes, salas, graderíos, barras, gente multiracial, cada uno viendo el partido que más le conviene (liga de futbol inglesa, irlandesa, española, italiana, irlandesa, rugby, fútbol americano, ...). Todos tienen algo en común: beben cerveza, sobre todo "guiness".
Nos falta hablar de la High School. El sistema, aunque lleno de normas (ya contamos que hay hasta lista de los que sorprenden masticando chicle), parece más abierto que el de aquí. Todos tienen clase de cocina que implica saber manejar también la lavadora y la plancha. Los de 4º pasan un año sin tener exámenes; "sólo" tienen que hacer, al final de curso, un proyecto. Los alumnos no tienen clases fijas. Cambian de aula según la materia. Por las tardes realizan en el colegio multitud de actividades. Un alumno español nos contó que son muy exigentes en Matemáticas.
Bueno, se está haciendo esto un poco largo por lo que aquí rematamos, dejando atrás 6 estupendos días en Irlanda.